1. Radiografias

Tres utopias se han sobrepuesto en el area de Puerto Casado en los últimos cien años. Como estratos geológicos, han dejado sus sedimentos en el territorio, en las casas y en el lenguaje de la gente.

Fabriqueros, Mensualeros, Jornaleros, Menonitas, Mon.

Deposito en el cementerio de Puerto Casado. Fecha e identidad del difunto inciertas.
Materiales de construcción: ladrillos, rieles, cemento. Foto: VB 2016.

En 1889, Carlos Casado del Alisal, empresario español nacionalizado argentino, viaja hacia el puerto que lleva su mismo nombre para bautizar las 5.625.000 hectáreas de tierra fiscal que acaba de comprar del gobierno paraguayo. Ese lugar, recita el acta de fundación, sera’ llamado Nueva España y se transformará en un “centro de progreso”, llevando a la “regeneración de la raza indígena” en el Chaco paraguayo.

En 1923, a través de la mediación del general y financiero estadounidense Samuel McRoberts, Jose’ Casado vendió las primeras 150,370 hectáreas a los Menonitas. El primer grupo, proveniente de Rusia y de habla alemana, llega a Puerto Casado en 1926. Entre 1926 y 1927, en la espera de asentarse sobre sus nuevas tierras (los agrimensores tardarían en completar su trabajo), ciento y treinta menonitas mueren en Casado de fiebre tifoidea. Trescientos cincuenta y cinco de ellos regresan a Canada. Los demás forman en 1928 su primera colonia, denominada Chortizer (hoy Loma Plata).

Cementerio de Puerto Casado; texto grabado sobre la lapida de marmol:
Hier Ruht PETER S. KLIPPENSTEIN
Geb. 29 June 1902
Gestam 9 November 1927
Foto: VB 2016.

Finalmente, en el año 2000, una empresa de la Iglesia de la Unificación del reverendo Sun Myung Moon, un movimiento religioso sur-coreano radicado desde 1971 en los Estados Unidos y promovido por su ideología anti-comunista, compra 600.000 hectares de tierra de la empresa Carlos Casado S.A. (y 600.000 mas, siempre en el Chaco Paraguayo, de otros propietarios). En sus propias palabras, el proyecto original del reverendo Moon es de fundar en Puerto Casado y sus alrededores un nuevo Jardín del Eden.

En la capcion: Bali bid. Frente al ministerio de inmigración [en Asuncion?] con el vicepresidente Kim Jong Gyu.
Foto perteneciente a una ex-empleada de la familia Casado, mostrada a VB en Puerto Casado en Julio 2016.

2. El origen

“El dinero siempre tuvo el potencial de volverse un imperativo moral en si mismo. Si se le deja expandir, se vuelve pronto una moral tan imprescindible que todas las demás parecen frívolas en comparación”

“… algo esencial acerca de la psicología de la deuda. O mas precisamente acerca del deudor que siente que no ha hecho nada malo para merecer su posición: la urgencia frenética de querer convertir todo a su alrededor en plata, y la rabia y la indignación de haber sido reducido a la clase de persona que lo haría”

Graeber, D. “Debt, the first 5000 years”, pp. 319; 325.

Esas tres utopias tienen su origen en una deuda, la deuda contraída por el Gobierno paraguayo con dos financieras londinenses (Robinson, Fleming & Cia. and Waring Brothers) en 1971 y 1972.
Para pagar los intereses atrasados de esa deuda Paraguay pone en venta en 1885 la casi totalidad de las tierras fiscales del Chaco, sentando las bases para el imperio de los Casado-Sastre.
Poco después de la promulgación de la Ley de venta de tierras, Jose Segundo Decoud es enviado por el Gobierno paraguayo a Londres para negociar los intereses y encontrar una salida favorable. Su misión es exitosa, y los acreedores aceptan tierra a cambio de bonos. “El Sr. Decoud”, escribe el francés De Bourgade la Dardye en 1889 “lograba un verdadero éxito financiero […] haciendo que los portadores de crédito acepten 500 leguas de terrenos que anteriormente no tenían algún valor, y que al día siguiente sirvieron de base para la valoración de todo el país”.

Que anteriormente no tenían algún valor. Como un alquimista, Carlos Casado transforma en oro, comprándolas, tierras que antes no tenían algún valor. Y el Paraguay, escribe De Bourgade la Dardye, por fin “salió del periodo de niñez en que se hallaba”.

En 1889, el redentor de las finanzas patrias Jose Segundo Decoud acompaña a Carlos Casado del Alisal en su primer viaje hacia el Chaco, el viaje de toma de posesión del imperio. Con él están, aunque en otro barco, el defensor de los indígenas Juan De Cominges y el aventurero y pintor Guido Boggiani. Así describe Boggiani en su diario su motivación para juntarse a la comitiva:

Un dia me dice [Cerruti]:

Boggiani, no quiere hacer un lindo viaje y conocer los mas bellos paisajes?
Por que no? Siempre listo.
Quiere ir a Puerto Casado?
Donde queda?
En el Chaco Paraguayo, cerca del Rio Apa y de la frontera del Brasil. Usted debería ir allá y pintar unos lindos cuadros. Hacia el mes de abril podrá encontrar allí al mismo Casado, y no es difícil que le compre los cuadros que haya pintado, ya que serán vistas tomadas en sus propiedades.
Por Baco! Es una lindisima idea y aprovechare’. Aunque Casado no me compre nada acepto el riesgo. De todos modos me cuesta lo mismo estar aquí que allá…

Fotografia de Guido Boggiani,1896?
Tumanas tomando un baño [orilla del Rio Paraguay].

3. Recoger la historia

“Confrontado con tantas dificultades, por que los estudiosos se obstinan a dedicar sus cortas vidas al estudio de un país tan pequeño enterrado en el corazón de America del Sur?
Hay mucha verdad en el brillante comentario de un joven historiador paraguayo,
Juan Carlos Herken Krauer: “Paraguay no es un país, es una obsesión”.
(Warren, H.G. 1985. Rebirth of the Paraguayan Republic, 1878-1904)

“Hay silencio ahora en Casado”, contesta Don Ortega cuando le pido me cuente algo sobre su vida en Puerto Casado. Tiene 96 años y no escucha bien, y quizás sea esa la causa del silencio que lo rodea, pero también añade: “Ya cerro’ la fabrica”. Y me acuerdo de lo que muchos me contaron, de las sirenas de la fabrica que marcaban tres turnos de ocho horas cada uno, inclusive cuando la fabrica cerro’ un tiempo y los obreros no hacían nada todo el día, y creo entender a qué Don Ortega se refiere.
Don Ortega fue jefe de personal en la fabrica taninera de Puerto Casado por mas de treinta años, y su casa esta’ ubicada justo en frente de la fabrica y de sus chimeneas cortadas y vendidas. Estuvo a cargo de mas de 2000 trabajadores, en los tiempos de oro de la empresa, y todos me aseguran que sabe mucho. Pero ya casi no habla, Don Ortega, y advierto el dolor físico en cada una de sus palabras, así que pronto dejo de hacer preguntas y le pido si es que tiene fotos que mostrar. Tiene muchas. Pide al muchacho que le cuida, el mismo que hace ocho años cuidaba la casa (ocupada por los ex-trabajadores) de la familia Casado, de sacar dos cajas del ropero. Hay fotos, pero también otras cosas en las cajas. Esta’ la etiqueta de una famosa tienda de ropa clásica paraguaya: Martel. “El cuello perfecto”, dice la etiqueta. Era un hombre serio Don Ortega. Dicen que su esposa le dejo’ y se fue a vivir a San Pedro. Que a él no le gustaban las farras, pero igual hay fotos de farras en sus cajas.
Volví tres veces a mirar las mismas cajas, con el temor de no encontrarlas mas, de que Don Ortega se fuera y que algo se me escapara. Cada vez encontré algo distinto, y algo faltaba. La cuarta vez de hecho no le encontré mas, su hijo había venido para llevarle a San Pedro. La segunda vez que me fui me habían dado unos cuadernos junto con las cajas. No eran diarios privados, como esperaba, sino que largas secuencias de formulas a llenar con nombres y fechas. El legado perfecto de un funcionario administrativo. Algunas servían para contratar, otras para despedir, y otras para felicitarle a los trabajadores en momentos particulares de sus vidas:

“La union del hombre con la mujer es una bendición del Señor, es para proseguir su obra redentora y creadora en busca de su felicidad. En esta decision vuestra y feliz, les deseo felicidad eterna con la presencia Divina” [Cuaderno N.1, 1978?].

Una foto de las mas antiguas, de 1959, muestra una procesión religiosa en Puerto Casado, probablemente en la calle que costea la fabrica. Don Ortega camina en el medio mismo de la calle, mas alto que todos los demás. Esperaríamos encontrarle al párroco pero no, es él, el jefe de personal, con sus largos pantalones negros y una camisa blanca, el cuello probablemente perfecto.

Capcion original: Dias de San Ramon Donato; Puerto Casado, Agosto 31 de 1959.

Hay una fuerte correspondencia entre forma y substancia en la vida de Don Ortega. Algo al mismo tiempo rígido y transparente. Fue un hombre respetado por ser honesto y moralmente estricto en Puerto Casado, pero no esta’ claro su nivel de toma de decision, ni nunca fue intimo con los estratos mas altos del poder, como fue en cambio Don Hermosa. No hay ni una foto de el con los patrones, con la familia Casado-Sastre, en sus dos cajas. Solo retratos de trabajadores, de sus familias, y equipos de fútbol. Solo tuvo un hijo biológico, que es abogado y que ahora vive en San Pedro. A pesar de eso, varios chicos vivian en su casa cuando su esposa se fue, chicos que él intentaba educar a una vida honesta y austera. Una de sus fotografías lo retrata rodeado de jóvenes, quizás miembros del club deportivo del que era presidente. Los mejores jugadores se aseguraban un trabajo en la fabrica, me contaron.

Don Ortega frente a su casa en los años ’80, rodeado de jóvenes.

La Guerra de la Triple Alianza(1865-1870) se coloca al origen de varios mitos paraguayos. De acuerdo al ex-intendente de Puerto Casado, por ejemplo, la costumbre paraguaya de mantener varias familias en distintas ciudades es un legado de esa guerra, en donde solo un hombre cada diez mujeres pudo sobrevivir. H.G. Warren reporta haber escuchado esas estadísticas varias veces, pero las toma con mucha caución. Sea cual sea la explicación del origen de la demografía paraguaya, varios de los ex-trabajadores relatan haber sido criados por sus mamas, y haber sido padres de sus hermanos menores. Paralela a la imagen de la madre soltera criando sola y con sacrificio a sus hijos (la imagen evocada por Papa Francisco en el Julio 2015), es la imagen del padre adoptivo y de sus muchos hijos. Una configuración afectiva eminentemente masculina.
Hay una mención de honor para un niño del tercer grado de primaria entre las cajas de Don Ortega. Es un ex-intendente colorado de Puerto Casado. El mismo que crió, dice, como si fuera su proprio hijo.

Otros de los funcionarios intermedios de la empresa Casado recuerdan el nombre de un chico que criaron como su propio hijo, y que mas tarde se volvió un hombre importante: un intendente, un diputado. Atravesada por afectos y poder, la cantidad de estas relaciones puede medir el espesor de la vida de un hombre. Las personas se refieren en Guarani a otros individuos como “hijos” de alguien (ita’yra) en una variedad de contextos: entre los paraguayos, hablando de los hombres de confianza de politicos importantes, entre los Maskoy, refiriendose a los espíritus auxiliares de los chamanes. Hay varios de esos espejos en Casado.
Así me cuenta René Ramirez, durante una de las muchas tardes transcurridas juntos en el patio de su casa en Pueblito, de dos hombres y de las configuraciones de poder que los rodean: del Cacique Michi y de sus hijos/cosas que trabajan su chacra para él en el kilometro 46 del ferrocarril de Casado, y de Tarcisio Sostoa, presidente eterno de la seccional colorada, haciendo trabajar en su chacra a las jóvenes reclutas en la otra orilla del Rio Paraguay. Y esta’ también el cuento de Don Acimi, que agarro’ el tren solito cuando tenia 8 años, ya huérfano de padre, para ir a buscar su familia en Bolivia, volviendo después de dos años sin haberla encontrada, y empezando a trabajar informalmente para la empresa Casado.

Hay espejos pero también enredos en la relación entre indígenas y paraguayos en Casado. Algunos mas complejos que otros, mas fatigosos de desenredar. Esos enredos se dan mas fácilmente en el monte. El pombero es una criatura de la mitología paraguaya que nunca perteneció a los Maskoy, a pesar de que los Maskoy sean los únicos que lo pueden ver, porque por no haber sido bautizados no tienen la cruz en la frente que los demás paraguayos tienen. Pero hay un truco, me explica Don Fretes que en el monte trabajo’ muchos años buscando vacas ariscas, los sagua’a. Si es que atas un pañuelo alrededor de tu frente, como varias veces él hizo, el pombero no ve la cruz y te aparece así de feo como es: petiso, negro y peludo. Entre los paraguayos, en Puerto Casado, hablar del pombero es hablar de los indígenas (pero solo cuando no están presentes). “Hablas el idioma del pombero?”, me pregunto’ una amiga una vez, y me llevo’ un rato buscar la respuesta correcta. Que no, tuve que responderle, yo no hablaba Maskoy, solo un poco de Guarani. Pero Don Fretes si, Don Fretes habla Enxet, lo aprendió en el monte cuando jugaba de chiquito con los niños Enxet, y mas tarde cuando cazaban juntos los sagua’a, las vacas ariscas de la empresa Casado, en el centro (le dicen centro en Casado a todo lo que se aleja del rio). A veces Don Fretes me habla en Enxet, y cuando lo hace no entiendo nada y me rio, y se ríe él también. Me da alegría verle a ese hombre de pelo blanco y cara de pícaro – ningún lingüista, ningún antropólogo – hablar un idioma indígena que ni los Maskoy hablan mas en Casado, por una especie de corto circuito histórico, por haber cazado sagua’a en el monte. Don Fretes es un desvío de la historia y lo sabe, y por eso nos reímos los dos cuando le salen palabras que nadie entiende. “Adios mujer blanca”, me dijo en Enxet la ultima vez cuando me iba de Casado, pero me tradujo esa vez.

Don Fretes frente al Rio Paraguay, Puerto Casado, Agosto 2015.

Desde casa de F., salía cada mañana con mi videocámara cuando estaba en Casado para hacer entrevistas. Una tarde, volviendo con ella de casa de Don Ortega, no puedo evitar las bromas. “Ya sé como se va a llamar mi libro sobre la historia de Casado”, le digo, “se va a llamar: Silencio. O quizás no. Quizás se vaya a llamar: Asado”. No le gustan esos títulos a F., y me pide que deje de macanear.

Borrar la decadencia de una ciudad y toda la trayectoria del partido colorado, el partido de la dictadura, de la historia. Quizás se pueda. Sigo buscando un libro que me explique los detalles sobre el sistema de las seccionales coloradas, sobre come se fue modificando el partido en el interior del país, y no le encuentro. La sátira tampoco me ayuda. Los libros de Elio Vera no hacen mas que subrayar las raíces indígenas de la política paraguaya para burlarse de ella y de paso, calladamente, despreciarle a los indígenas.

Sigo hablando con la gente de cosas incomodas, y quizás sea mucha arrogancia de mi parte. La otra historia, la que ya paso’, es un lugar mas seguro de donde poder contar. Si es que fue dolorosa, lo fue hace tiempo. Se puede contar.

4. Tierra

[6 miliones de hectáreas] que anteriormente no tenían algún valor.

Cuando dejé Puerto Casado en el 2009, los ex-trabajadores de Casado se habían organizado en una cooperativa, Quebracho Poty, y estaban reclamando 52.000 hectáreas a los nuevos dueños, la Victoria S.A. de la Iglesia de la Unificación. En el 2000 les habían dado un año de tiempo para desalojar, para que los nuevos patrones fundaran en Puerto Casado su nueva utopia. Los ex-trabajadores habían empujado a los de la nueva empresa fuera del pueblo (una guerra interna, la describen hoy los habitantes de Casado) y habían ocupado la fabrica, los hoteles, y la casa patronal, la antigua casa de los Casado-Sastre. Habían organizado marchas, apoyados por los salesianos, que habían llamado “marchas por la dignidad y la soberanía nacional”.
Cuando decidí volver a Casado, en el 2013, mencione’ en mi proyecto de investigación fabricas ocupadas, cooperativas en lucha, movimientos sociales, y un pueblo entero levantándose para la defensa de sus derechos y el reclamo de tierras.

Y después volvi’ a Casado.

Que quiere decir escribir desde el silencio de la colonización económica en vez que desde reclamos por tierra y dignidad, para contar la historia de un pueblo y de su fabrica?

No es muy atractiva, una antropología del estatus quo. Mejor sería hablar de lucha y de resistencia.

Hablando de las atrocidades cometidas en la industria del caucho en el siglo XIX en el Putumayo, en Colombia, Michael Taussig habla de las historias de violencia que circulaban en las plantaciones como del “éter” en donde la historia se desenvolvía, estimulando a su vez mas violencia. Hay varias historias de humillación en Puerto Casado, parte quizás del éter de la ciudad. Y quizás nos enseñan a interpretar los eventos, qué es lo que hay que buscar bajo la apariencia de las cosas.

5. Humilliaciones

[…]

En su libro “Las cosmicomicas”, Italo Calvino describe la vida interior de un dinosaurio. Es el ultimo de su especie y se esconde entre los humanos esperando que nadie se de cuenta de él. Escucha historias de otros dinosaurios que comieron o mataron a humanos, y ve que todos tienen miedo. Entonces finge, se esconde.
Me recuerdan el cuento de Calvino los Guarani en Casado.

Escribir una radiografía de Puerto Casado, de sus ladrillos y de sus paredes, de los documentos y de las maquinas, de las cosas robadas y quemadas.

6. Primera radiografia: hierro

Cuenta uno de los hermanos Riveros, que escuchaban Radio Moscu’ y Radio Habana Libre en la época de la dictadura, que la primera cosa que él hizo el día en que ocuparon la fabrica con Francisco Dick fue cruzar el portón principal, doblar hacia la izquierda y entrar en el viejo edificio de la administración, en donde estaban los dossier de los fabriqueros. Buscaba el suyo. Como se acordaba exactamente en donde estaba no iba a tener problemas, iba a hacerlo todo rápido. Era verde. Pero cuando entro’ al cuarto, el día de la ocupación, lo encontró vacío. Kim, primer administrador coreano de la empresa Victoria S.A., había quemado todo.

Unos años después, Victoria S.A. cambio’ el nombre en Victoria Paraguay S.A.

Imagen del directivo de la empresa Victoria Paraguay S.A. según el sitio web de la misma.

A diferencia del papel el hierro no quema, se funde.
Es un domingo de tarde cuando R., ingeniero norteamericano de la empresa Victoria Paraguay S.A., nos acompaña a mi y a Fredi a dar una vuelta en la fabrica. La semana anterior le empresa me había negado la autorización a entrar, sin ninguna motivación real. Los antropólogos se habían vuelto de repente un peligro. R. por suerte no pensaba lo mismo. No hablaba español y yo era la única persona en el pueblo con quien podia comunicarse. La primera vez, cuando le conocí, me había regalado una bolsa de caramelos. Junto con su partner, tenia una empresa de construcción que se dedicaba a renovar, entre otras cosas, edificios industriales en desuso. Me explica que quiere cambiar su ducha eléctrica y poner un boiler porque, dice, hay que dar el buen ejemplo. Mientras caminamos entre hierros y ladrillos viejos nos dice que fue él quien transformo’ las viejas fabricas del New Jersey en lujosos loft con vista sobre Manhattan. Es un hombre acostumbrado a transformar escombros en dólares, y esta’ orgulloso de eso.

Llegamos a un area detrás de la fabrica que esta’ llena de objetos en hierro, abandonados. Muchos de ellos son pedazos de estructuras mas grandes, y es imposible entender lo que habían sido anteriormente. También hay viejas locomotoras, viejos tractores, y enormes conos de metal que parecen naves espaciales. R. quiere vender los tractores a los Menonitas, dice que saben hacer milagros con las maquinas, que reciclan todo. En el peor de los casos, precisa, todo el hierro se puede vender por kilo, como también hacia la cooperativa en el tiempo en que estuvo en la fabrica, precisa.
Unos meses antes de mi legada, Bob había mandado a quemar todos los viejos papeles que quedaban en la fabrica, las fichas de muchos trabajadores, los mapas, un archivo de dos piezas lleno de materiales. Una de las mujeres que trabajaba para Victoria S.A. me cuenta que rescato’ el certificado de nacimiento de su hermana, que por alguna razón allí estaba, antes de quemar todo. Eran viejos papeles y polvorientos, y el pueblo le prestaba una atención intermitente, nadie tenia una razón suficiente para rescatarlos. Los papeles viejos, a diferencia del hierro, no valen nada. Ninguno intentó robarlos, pero tampoco les hicieron caso.

L. trabajando al torno en la fabrica de Casado entre los años ’80 y ’90. Cortesia de L.

Seguimos caminando entre los escombros hasta que llegamos a un torno. Es una maquina enorme, un enorme pedazo de hierro, y R. nos cuenta que un antiguo tornero de la fabrica había llevado a su casa todas las piezas que se podían desmontar. Eso pasó en el tiempo de la ocupación. Solo quedaba el torno, desnudo y excesivamente pesado. Cuando la empresa Victoria Paraguay, luciendo su nuevo nombre, había vuelto a ocupar la fabrica, el torno se había quedado alli’. R. podio’ a la empresa si es que podia sacar el resto del torno pero le fue negado. Mejor venderlo por kilo. Por otro lado, le pagaban por eso a R., por transformar escombros en plata y envolver cada objeto en una lógica de mercado. Le pagaban para ser un extranjero, y razonar afuera de la lógica local de los afectos.

Comienzo a descubrir de a poco, en los meses que siguen, pedazos de hierro abandonados en muchas de las casas que visito en Casado. Un colección dispersa de objetos inútiles que se resisten a ser vendidos por kilo. Se ven como si alguien acabara de olvidarlos allí, abandonados en los patios, sin otro propósito que él de la posesión. Nadie me explica de verdad por qué los tienen, los indican y pasan delante.